miércoles, 6 de junio de 2012

No sé, me importa un pito*…

      Empieza el frío y yo sin frazada humana. Y postulo mentalmente soñadores para mi "Cuchareando por un sueño" y me doy cuenta que no. Que no me alcanza con la frazada. Que quiero algo más. -Ah bueno, pero ¿quién te entiende?- retruca mi Polino mental.
      Lo dice porque en la gala anterior eliminé a uno que andaba con ganas de hacerme el novio; uno que fue el más lindo que yo (y que Guamacole) me recuerde, que no tenía errores de ortografía, que me cedía su mp3 en los viajes de colectivo, que me desengrasaba la cocina** cuando se aburría de verme dormir.
      El tema es que Polino no sabe cuáles son los criterios para juzgar a mis soñadores.
      Hay tres cosas -cuestión de aritmética- que me gustan de un señor. Si se dan yo se que inevitablemente quedaré nominada a enamorarme***:

El humor negro. Si no sabe reír, ¿qué otra cosa importante puede saber?

La anatomicidad al dormir. No sólo es la cucharita. Es el sellar el hueco exacto que queda entre mi cuello y la almohada. Y el abrazo inconsciente, incorporado, instintivo. Y la sensación de conocer ese cuerpo tanto como el mío.

El ballet gastronómico. La danza del cocinar, los pasos de baile en la cocina. Las recetas idiosincrásicas con lo que hay, lo que encontramos, lo que quedó y lo que se nos ocurre. Las miradas de aprobación, los pases de mano de la cuchara de madera, los besos entre ingrediente e ingrediente, el abrazo por detrás a quien le toca vigilar la cocción, las idas y venidas al comedor a poner la mesa (y los encuentros a medio camino), la charla y la copa de vino compartida en bambalinas. Cocinar juntos es como hacer el amor, Polino.

     Pero hace rato que Polino se fue; aúlla, mientras corre, no sé qué cosa de un escándalo con Carmen...


(Es lo que hay gente, no se quejen... además tenía que cortar con la grasitud del Bailando con un toque más de grasa) :p

*Ahora noto que es importante prestar atención acerca de dónde cortar una cita; si alguien duda, le cuento que sigue así: "...que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!".
     Pero, por supuesto, pueden continuar pensando que quise expresar que, lejos de serme indiferentes, los penes me parecen relevantes.
**No, Haydeé, Mr. Músculo no existe: Mr. Músculo son los chongos.
***Y tal vez ni el voto telefónico me salve.