martes, 26 de mayo de 2015

Locro

     En  estas fiestas "mayas" un poco de amor francés criollo

Un amor cocinándose a fuego lento
las miradas, las sonrisas,
“Agregame a facebook”,
el “dale” huidizo porque a metros está
el novio circunstancial.
“Es sólo una cuestión artística”
se excusa el bocho
y la entrepierna empieza a borbotear.
Las hojas del calendario y los eventos
sucediendo como el otoño
como las chicas, como el novio
como maíz blanco que suelta su almidón
como sentarse casualmente cerca
como las piernas que se rozan
contradiciendo la física.
Cualquier canción es bailable,
todo tema se conversa
no importa si vegetal, poroto o panceta
todo se cuece al fin
y aunque el hígado frunza el ceño
sale otra cerveza.
Los besos a lo último
porque a esta olla
todavía le falta mucho
para raspar el  fondo.

jueves, 26 de marzo de 2015

Yo NO COMPRO esa idea del amor correspondido... pero SI ME LA REGALAN...

     Releo textos anteriores y me quiero matar (exagero, tengo mejores motivos). Pues han sido, en su mayoría reescritos varias veces; muchas de ellas, al calor de las reacciones de quienes les han escuchado. Por eso invito (si aún quedan lectores de esta página) a escuchar éste y otros textos, mañana viernes 27/03 en un ciclo que se anuncia a las 21 y (para qué mentir) arranca a las 23 hs. La dirección es Tte. Gral. Domingo Perón 1829 (a pasiiiitos de Callao, a pasiiiiitos de Cervantes -habló la gorda-).



Los amores correspondidos dan náuseas
su tufillo a felicidad
son insoportablemente burgueses
como la dignidad
-que es algo que se tiene o no-
como me dijo uno mientras me dejaba
parada en una esquina
más desposeída que siempre
"yo lo único que tengo es mi dignidad" -me dijo
¿y qué mierda es la dignidad?
¿porqué yo no tengo de eso?
¿se canjea por un pase de cocaína?
¿si se paga con la SUBE sale menos?
¿la dignidad es una sensación o un tumor?
¿contagia? ¿hay que usarla con forro?
¿te sube las defensas o te las baja?
A mí, la dignidad, me la baja,
me la seca, me la suda, me la exprime, 
me la corta, me la... me lame,
me lame una teta (y por qué no, las dos)
¿Sirve la dignidad para justificar algo? 
¿la muerte, por ejemplo?
¿por qué es más digno que te haga puré un tren
que morir en un hospital?
¿qué dignidad hay en tener hijos,
en morir pobre, en trabajar?
¿o no es quizá, la excusa para no derrapar,
para no querernos a dentelladas
con amores enfermizos, obsesos,
con urgencias de piel y de engaño?
Dale, boludo, besame. Cojamos acá.
No hace falta que me saques la ropa
pero mordeme, dale,
y no me quieras
que yo no tengo dignidad.

Acá está la entrevista completa a Sabina.

sábado, 7 de febrero de 2015

Yo tan neurótica

Te acodás a mi lado, me convidás tu cerveza
me agarrás la mano y casi por sorpresa
me vomitás cerquita de la oreja
tu verso de poeta enamorado:
mersa, misógino, procaz, desubicado.
Me limpio tus palabras puteando...
pero la pucha!... tiene su encanto.
Podría medir cuál es tu justa medida
podría quererte querer sin heridas
y podría beber de tu boca
en un beso ebrio todas las bebidas.
Podría mentalmente dibujar
a partir de una rayita oblicua color mar
la profundidad de tus ojazos
podría ser todo mi cuerpo regazo
podría ofrecerme guerra y remanso.
Podría probar cuánto
si más de un par, de tres botas
y podría contar cuántas gotas
rebalsan el vaso.
Sería posible aminorar el tranco
vestirte de amor veraniego
sacarte la ropa y el calor de este enero
filmar con vos "pija, birra, faso"
y tomarme el bondi del desapego
Y más temprano que tarde:
Podría desear olvidarte
derramar un manto de olvido
pasar a tu lado y ni un suspiro
al verte todo derramado
podría, sospecho, negarte mi amado.
Podríamos ser tantas cosas
podríamos ser hasta la hermosura
la cosa es que ni genio ni figura
yo tan neurótica, vos tan fisura



martes, 16 de diciembre de 2014

La edad de la inimputabilidad

     Ayer alguien compartió en su muro de facebook que había sido escuchada, mientras él leía, la siguiente conversación:
Chico:- Ah, un performer 
Chica:- Me parece que es un poeta
Chico:- Pero tiene más de treinta años
Chica:- ....
Chico:- Ya podría empezar a dedicarse a otra cosa...
     Yo comenté algo sobre el stalinismo de la pendejada y que me alcancen un parche de estrógeno, pero me quedé sintiendo algo que después me dí cuenta que era ternura y escribí este texto*:


     Alguna vez tuve 17 años y ansié terminar la secundaria para lanzarme al mundo.
     Alguna vez tuve 17 años y le contesté al primer chico con el que salí "un duende lila y un hada azul" cuando me preguntó "nosotros, ¿qué somos?". Segundos después, aún con 17 años, quise matarme cuando me aclaró "no, yo preguntaba qué onda, si somos novios o qué". Seguramente enrojecí y es probable que un beso me disuadiera (o sea, estoy viva).
     Alguna vez tuve 17 años y era muy hippie -lo que se deduce del párrafo anterior-, sólo escuchaba rock nacional y me rompió el corazón saber que Baglietto no componía sus temas.
     Alguna vez tuve 17 años y creí que ganar una discusión era decir la última palabra y que cambiar las cosas era cuestión de acciones mínimas.
     Alguna vez me desperté, con muchos más años encima, con miedo de que el mundo arremetiera contra mí, sabiendo que el título de perito mercantil no es buen paragolpes para semenjante arremetida, y de todos modos salí de la cama.
     Alguna vez tuve 36 años y nadie me preguntó "nosotros, ¿qué somos?" o lo hizo después de un polvo y entonces contesté "tiburones" y cambié de tema y me pregunté qué será de mi duende lila y más tarde solté una lágrima picando ajo.
     Alguna vez tuve 36 años y hubo en mi corazón lugar para Baglietto y para Fandermole y tuve un costadito punkie.
     Con 36 años supe que ganar una discusión es a veces saber cuándo callar, que hay discusiones que se pierden cuando se ganan y que, especialmente ésas, es mejor ni arrancarlas. Y ya no creí que cambiar el mundo es cuestión de cosas mínimas sino todo lo contrario: tuve la sensata certeza de que efectivamente es así: como recordar cómo es ser joven y sentarse a escribir un poema.
 


*Para sacármela de encima.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Waterworld

     Subir al 98 en Sarandí con las primeras gotas del diluvio universal. Tocar el timbre en ese delta que es PlazaCé. Estropear las sandalias, el contenido de la mochila y la dignidad bajo las paredes de agua. Saber que alguno me amó al verme correr sosteniendo mi pollera larga de profesora como minifalda. Ver en los créditos de esa película mínima tu nombre.

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    El martes 9 de diciembre de 2014 a las 21,25 hs. una gota tocó tu cara cuando volvías del chino adonde habías ido a comprar una cerveza para la cena y para las penas. Apenas cerraste la puerta te largaste a llover.

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     No tengo agallas ni para ahogarme en mis pensamientos.