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martes, 26 de mayo de 2015

Locro

     En  estas fiestas "mayas" un poco de amor francés criollo: 

Un amor cocinándose a fuego lento
las miradas, las sonrisas,
“Agregame a facebook”,
el “dale” huidizo porque a metros está
el novio circunstancial.
“Es sólo una cuestión artística”
se excusa el bocho
y la entrepierna empieza a borbotear.
Las hojas del calendario y los eventos
sucediendo como el otoño
como las chicas, como el novio
como maíz blanco que suelta su almidón
como sentarse casualmente cerca
como las piernas que se rozan
contradiciendo la física.
Cualquier canción es bailable,
todo tema se conversa
no importa si vegetal, poroto o panceta
todo se cuece al fin
y aunque el hígado frunza el ceño
sale otra cerveza.
Los besos a lo último
porque a esta olla
todavía le falta mucho
para raspar el  fondo.

martes, 16 de diciembre de 2014

La edad de la inimputabilidad

     Ayer alguien compartió en su muro de facebook que había sido escuchada, mientras él leía, la siguiente conversación:
Chico:- Ah, un performer 
Chica:- Me parece que es un poeta
Chico:- Pero tiene más de treinta años
Chica:- ....
Chico:- Ya podría empezar a dedicarse a otra cosa...
     Yo comenté algo sobre el stalinismo de la pendejada y que me alcancen un parche de estrógeno, pero me quedé sintiendo algo que después me dí cuenta que era ternura y escribí este texto*:


     Alguna vez tuve 17 años y ansié terminar la secundaria para lanzarme al mundo.
     Alguna vez tuve 17 años y le contesté al primer chico con el que salí "un duende lila y un hada azul" cuando me preguntó "nosotros, ¿qué somos?". Segundos después, aún con 17 años, quise matarme cuando me aclaró "no, yo preguntaba qué onda, si somos novios o qué". Seguramente enrojecí y es probable que un beso me disuadiera (o sea, estoy viva).
     Alguna vez tuve 17 años y era muy hippie -lo que se deduce del párrafo anterior-, sólo escuchaba rock nacional y me rompió el corazón saber que Baglietto no componía sus temas.
     Alguna vez tuve 17 años y creí que ganar una discusión era decir la última palabra y que cambiar las cosas era cuestión de acciones mínimas.
     Alguna vez me desperté, con muchos más años encima, con miedo de que el mundo arremetiera contra mí, sabiendo que el título de perito mercantil no es buen paragolpes para semenjante arremetida, y de todos modos salí de la cama.
     Alguna vez tuve 36 años y nadie me preguntó "nosotros, ¿qué somos?" o lo hizo después de un polvo y entonces contesté "tiburones" y cambié de tema y me pregunté qué será de mi duende lila y más tarde solté una lágrima picando ajo.
     Alguna vez tuve 36 años y hubo en mi corazón lugar para Baglietto y para Fandermole y tuve un costadito punkie.
     Con 36 años supe que ganar una discusión es a veces saber cuándo callar, que hay discusiones que se pierden cuando se ganan y que, especialmente ésas, es mejor ni arrancarlas. Y ya no creí que cambiar el mundo es cuestión de cosas mínimas sino todo lo contrario: tuve la sensata certeza de que efectivamente es así: como recordar cómo es ser joven y sentarse a escribir un poema.
 


*Para sacármela de encima.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Indispuesta

Yo menstrúo cuatro días al mes
no me digas que eso te hace daño;
yo menstrúo cuatro días al mes
y vos sos un forro todo el año.

Violencia Rivas


   Tomo mate toda la tarde mientras termino una figura con cartapesta aunque a veces me confundo y meto el pincel en la yerba en lugar del platito con cola entonces cada tanto puteo porque no puedo ser tan boluda de no tener un sistema para no repetirlo podría poner a la izquierda uno y a la derecha otro pero pruebo e igual me confundo debe ser algo de los hemisferios capaz sospecho yendo al baño a hacer pis porque de todos modos logré tomarme una pava completa y pienso que aunque no tenga toallitas suerte que me vino porque recuerdo cuando fui a grabar ese poema que tanto me gusta hacía calor y tenía pollera y el chongo que me hizo de técnico de sonido también me hizo de chongo y se metió debajo de mi pollera que tenía flores y me reí  por descarga sexual un poco y otro porque me causó gracia pensar que parecía un picaflor ahí metido entre las flores y que flor de picaflor porque debe andar cerca de los cien kilos y que después cuando lo quise morder recostada en su cama de una plaza me retó que no le dejara marcas y justo ahora que estoy siguiendo la política de preguntar cuando me nace la pregunta le pregunté que si tenía novia y flor de picaflor pensé de nuevo porque en cuatro años más o menos que grabamos audios y música y nos pasamos poemas y hablamos del flaco y nos olvidamos por semanas para invitarnos al teatro de golpe como excusa para curtir o curtimos como excusa para discutir si la capacidad de los smiths de construir paradojas entre las melodías alegres y las letras bajón califica para el podio del rock nunca le pregunté si tenía novia ni el me dijo ni yo me preocupé y ahora sé que tiene novia y por las dudas que me asalten los celos pienso que una cama de una plaza no es buena señal para un noviazgo y menos si tu novio pesa cerca de cien kilos y entonces me acuerdo de otro chongo que también acusaba tres cifras sobre la balanza pero era aún más alto y también tenía cama de una plaza tendría que incluir como variable para hacer un buen trabajo de campo mi cama de dos plazas que el chabón ocupaba en diagonal para entrar entero justamente esa noche que yo metódicamente dije no me lo curto si me gusta el amigo porque es para bardo igual se quedó entonces el tamaño de tu cama también importa cuando vivís en un monoambiente y el plomero viene a arreglar la ducha  dice que tu novio duerme como un tronco y no da explicarle al plomero que es un chongo que dejó de serlo porque te gusta el amigo y quizás ahora son amigos pero sabés que se ve raro un tipo de dos metros que ocupa toda la cama que ocupa todo el departamento roncando como si nada mientras martilla la ducha el plomero empero sirve para calcular que si puedo aislar otras variables llego a establecer correlación estadística entre peso del chabón el tamaño de la cama y el funcionamiento de un noviazgo flasheo que si consigo elevarla a regla científica junto con otras y un buen asesor de marketing escribo un libro del estilo como tener un buen noviazgo me lleno de guita me agarra sentimiento de culpa medio feminista dudo si por esquilmar a otras minas por pensar en noviazgo o por usar un tampón que envejecía en el mueblecito del baño donde me lavo y me seco las manos porque como dije me acabo de poner un tampón y vuelvo a sentarme a terminar una figura con cartapesta a tomar mate mientras creo que en realidad para esta catarata de pensamientos no hay tampón que valga que lo que yo estoy es mentalmente indispuesta.


martes, 21 de octubre de 2014

Si yo no te odio

No te odio.
Y me odio por no odiarte.
Y me odio por preguntarme:
¿por qué me muerdo el labio inferior
cuando te pienso? O...
¿por qué, si soy una nazi de la ortografía
no me importa que escribas para el culo?
¿Y por qué sos tan lindo y tan rubio
si a mí los rubios no me gustan?
¿por qué me erotizan tus tatuajes tumberos
a lo Pocho Lavezzi?
¿Por qué tenés esos tubos marcados
si yo no me cojo tipos que estén bien,
si yo no me cojo adonis(es)?
si yo no... cojo.

Tirame una punta
para saber por qué me pongo más pelotuda de lo habitual
si me tocás la rodilla y preguntás
si estoy bien. Y nada más.
A ver, contestá:
¿por qué si te escribí en facebook hace 3 días
todavía no me contestaste?
Y además...
¿por qué no esperaste
para tener hijos con mi útero?
(explicame por qué mierda
tengo ganas de darle uso a mi útero)
¿por qué me obligás cada noche,
a pensar cómo goma te voy a responder
cuando me declares tu amor
y cada noche que va pasando me enojo más
porque en todo el día no me lo dijiste
y no dormí ensayando mentalmente al pedo
y al final me arrepiento
porque me mirás -en mi cabeza-
con tus ojos perversos
y celestes (que no me gustan
pero algo me generan)?

¿Por qué no me das bola?
¿porqué te asustás
si yo no te odio...?

sábado, 18 de octubre de 2014

Poema del sudor

Del sudor, tu forma originalísima de sudar
del sudor como aceite esencial
del oler, pleno éxtasis sensorial.

De tu olor, de mi forma originalísima de flashear
De la química de la sal
que despides al sudar.

Del dolor, como forma originalísima de mudar
de tu ausencia corporal
al recuerdo presencial.

Del motor para mi forma originalísima de reclamar:
No te bañes, corazón
que te quiero con sabor.


(Iba a insertar uno de Los Gedes, pero me fumé un pomo -ahora me acuerdo por qué tiendo al caretismo-y se me coló un Dyango unchained nostalgioso).

domingo, 28 de septiembre de 2014

Postales de Consti

     Vivo en un barrio que no genera orgullo de pertenencia. Ni siquiera gentilicio tiene: nunca escuché el uso de constituyente o constituciense... tampoco el alegre agregado del sufijo que remite al orificio anal que usan los de Palermo. Nadie enarbola la bandera de Constitución; antes bien, se disfraza de San Telmo Bronx, de Barracas al norte, de temprano San Cristóbal y hasta de eufémico Botánico Sur.
     No hay tangos que añoren el barrio con sus peleas de borrachos, su mugre perenne y sus fisuras. No afloran los centros culturales ni los parques y los niños en Consti huelen a pegamento.
     Pero si García Márquez hubiera nacido acá y no en Aracataca, los críticos hubieran hablado de bizarrismo mágico: las travestis con su amplio espectro de ropajes (desde la travesti superstar hasta la travesti señorona de joggineta haciendo las compras en el mercado), los paqueros y sus danzas desincronizadas, los patrulleros fantasma estacionados en las esquinas alumbrando de azul las transas, los africanos de turbante y sus misteriosas valijas y el amor... el amor curte otros barrios.

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     Camino por Brasil y escucho en el mp3 a los Pistols. No sé por qué pero las calles alrededor de la estación de Constitución me generan eso; tal vez sea por la parejita de punkies que atiende el puesto de diarios. Esquivo a la gente y trato de hacer lo mismo con el olor a meo del Todo Moda -por algún motivo  todos van a mear ahí- y tanteo el aparato para bajar el volumen frente a la disquería; hoy el mashup que toca es E.M.I con Néstor en Bloque. Me río sola pero nadie se da vuelta.  

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     Los gritos llegan desde la parada del bondi (que es una forma de decir, porque no hay techo ni carteles ni sticker, ni siquiera el número 102 escrito con pintura). Se acercan. Por fin aparece un trío doblando la esquina en fila india. Una mujer, cabeza de fila, grita con acento caribeño "paquero, paquero" y mira hacia atrás mientras sigue caminando. Un gordo en camiseta de fútbol se separa de la fila y apura el paso. Recién entonces queda claro quién es el destinatario de los gritos, aunque ya la mujer redunda "policía paquero, policía paquero". El cola de fila, con un impermeable que me recuerda las películas de nazis la sigue a paso discreto, como queriendo intimidarla, como sabiendo que no puede detenerla por gritarle paquero. Dos paqueros cruzan la escena con sus movimientos desmañados, con sus miradas inescrutables. Me pregunto si los pibes sentirán como una herida el insulto a su condición; me pregunto si sentirán. Los paqueros dan vuelta la esquina y se pierden; el cana se aleja; la mujer sigue caminando y deja de gritar, ya sin objeto. Viene el 102.

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      Es viernes, son las 7.15 de la mañana y en medio de San José hay una tanga fucsia. Unos centímetros de tela y elástico (y tal vez de cadenita o una mariposa de encaje o un corazón de tul) se convierten en símbolo. Lo que de etérea y vaporosa tiene la tela, de grasa lo tiene el objeto: lo amo, lo quiero, lo deseo.
Nace en mí el impulso cartoneril de juntarla -lavarla bien aunque sospecho que voló de una soga- y conservarla para una ocasión especial.
     Me detengo dubitante en medio de la calle, casi tocando la tanga con mis borcegos y una sucesión de eventos futuros pasa por mi mente: me veo estrenando el modelito, me veo pagando un ginecólogo de urgencia y explicándole que usé una tanga de la calle, me veo diciéndole que soy freegana o alguna boludez por el estilo, o plantándome y diciéndole que su obligación es atenderme más allá de que no comparta mi ideología, me veo pagando una fortuna en pap y colpo para que el tipo me diga que no tengo nada pero que no utilice ropa interior de la calle.
     La historia se agota pero la furia chillona de la tanga me atrae como un pie de página de Elige tu propia aventura y me veo estrenando la tanga, me veo adquiriendo superpoderes sexuales, me veo bajando muñecos a diestra y siniestra en todas las posiciones imaginables, con múltiples orgasmos, con múltiples chongos, con señoras y animales, me veo, de vieja, legando la tanga deshilachada a la próxima generación (porque en todas las generaciones nace una heroína portadora del emblema fucsia).
     Me agacho hasta casi rozar la prenda y me veo preparándote una cena mientras la tanga bajo el pantalón me pica y me incomoda, me veo olvidando las escoriaciones ante una sonrisa tuya, un beso, me veo esperando que entiendas que esa grasada que tanto te calienta es mi declaración de amor, que tengo 35 años al pedo y que no me salen las palabras cuando estoy con vos.
     Entonces me asusto, me incorporo y dejo pasar la tanga. Y dejo pasar las visitas al ginecólogo, los superpoderes y te dejo pasar a vos también.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Nosotros según la física cuántica

Hablamos o simplemente esbozamos un gesto:
los otros nosotros se ponen de manifiesto
se concibe tonta excusa,
se gesta sin palabras el encuentro:
tal vez que toca esa banda rusa.
Partículas suspendidas se desperezan
y las partes, y el todo se articula.

Vida comprimida en horas:
charla, polvo, ducha, paseo, helado
cocina, cena, cabeza en interna lucha,
riiiiing!,otro polvo, despertar a tu lado,
desayuno con yogur, granola y moras.

Horas que a cuentagotas suman,
horas compartidas que son el summum
horas compartidas que rezuman
zumos con un tiempo de vida minimum
cuánto quantum (tanta trampa).

Pienso somos:
la pareja que quisimos ser, ni seremos.
Digo todo:
los hijos, el proyecto y el perro,
no hay ojeras, no hay "yo", malhumor, malamor...

Cerramos los ojos,
tocando Pez No mi corazón coraza
y nos crece sin esfuerzo impune,
la huerta orgánica en la terraza
y luego pausa.
y no me añores perfecta
y sabé que yo no soy ésa.
O sí, soy
cuando sí es, pero no
hoy


  

martes, 15 de octubre de 2013

El destino y los lectores


     "Fue el destino", lo sé: que me enterara de la muestra de paisajismo acuático; que el día estuviera precioso y que quedarse en casa fuera algo así como un pecado; que me detuviera comprando una planta; que quisiera doblar justo en esa calle donde se veía, había un par de lugares con mesas en la vereda; que un grupo de amigos me llamara la atención por gritarle a un Diego que aparentemente venía atrasado detrás mío (o a quien le hubiera costado estacionar un auto); que en lugar de mirar hacia atrás para ver quién era Diego, mirase al grupo que voceaba; que estuvieras entre los que se mofaban de Diego; que existiera un Diego; que haya existido un Nosotros. Que te viera, que me vieras.
     El destino ovilla y propone. El destino reparte las cartas y propone. El destino Es. Nosotros tejemos, jugamos, hacemos o dejamos de hacer. El destino hizo que yo te viera y vos me vieras.
     ¿Pero te ví? ¿de qué color era tu remera? ¿estabas con una mujer al lado que pudiera ser tu novia o amante? ¿tu cara se puso seria porque me viste? ¿Me viste? ¿me seguiste luego con la mirada hasta que me perdí al doblar la esquina? ¿escrutaste mis gestos buscando adivinar si también yo te había visto?
     Pienso en las preguntas flotando, como humo sutil, hasta perderse sin ser contestadas. Pienso si el destino habrá propuesto que alguna vez nos veamos cara a cara de nuevo y nos respondamos estas preguntas; y si más allá de su propuesta, tejeremos, jugaremos, haremos o dejaremos de hacer.
     Pienso que es tarde y que debiera ser fácil jugar a favor del destino y no contra él; pienso que he perdido la capacidad de leer sus señales y en cambio sólo leo mis preguntas. Pienso que, sin preguntas, con una certeza intemporal, los hermanos Wachowski hicieron un peliculón.

miércoles, 10 de abril de 2013

Di Ego

Mi amor, ronco y quedo,
mi cariño,
más bastardo que un hijo del Diego.
Terminó la temporada
y te fuiste sin mediar palabras.
"¡Será de dios!"digo, justo yo,
que soy
menos cristiana que la Sinagra.
Extirpáselo si pudiera,
adelgazáralo si cediera,
coartase su nutrición
si en mis manos estuviera.
Mas no.
Continua tan pleno y obeso
como antes de la operación;
porque mi amor por vos fue exceso,
hoy es gordura e hinchazón.
Y sé bien que es puro impulso masoca
recordar tus épocas en mi Boca,
cuando por las noches eran
de tu iglesia nuestras misas
y tu zurda prodigiosa me robaba las sonrisas.
Se niegan.
No abandonan la cancha los recuerdos,
como si supieran que los espera
la conciencia cruel enfermera
que les hará el antidopping para echarlos fuera.
Ahora
no sé cómo acomodarme a lo que me toca:
vos sos adicto y no soy tu droga.
Y no quiero pero
me aconseja la razón colgar botines
porque en este partido en que todo Pelé,
acabé felpeada y me desgarré
y vos estás tan lejos que ni tus mohines
veo desde los emiratos de tu olvido.
Se siente feo que no me quieras:
tu desamor fue cortarme las piernas.
Mentime al menos cada tanto
un recuerdito que interrumpa el llanto
un bálsamo, una efedrina,
te lo pido
por la Dalma y la Yanina.