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martes, 6 de julio de 2010

La pesadilla de la

que ansía llegar a casa
estando en ella.
Que presiente
que todo se resolverá
en los brazos de mamá.
Y descubre con violencia
que mamá, es ella
y no hay autoconsuelo
para la pesadilla de la




(ah, para hacer las delicias freudianas)

lunes, 26 de mayo de 2008

Segunda adolescencia

Mi archi-madre está atravesando por una segunda primavera.
Tanta ruptura de pimpollos, a mí, ya me está rompiendo los ovarios.
La señora, que ni bien puse un pie fuera de su casa demanteló mi habitación, no está contribuyendo en nada para que, llegado el fin de octubre, cuando yo cumpla mis primeros 30 añitos, no sienta deseos incontenibles de enchufarme Haagen Daz de chocolate intravenoso y desmayarme en posición fetal en mi cama por.... un año -días más, días menos-.
Resulta que, no contenta con detentar su rol de madre en las formas más esperables: invitarme a comer a su casa y engordarme como chancho pà navidad, criticar mi ropa, preguntarme cuándo voy a terminar la carrera mientras estoy tragando un bocado del platillo asesino, hacerme escenas de madre desatendida, llamar por teléfono en horarios de sueño o sexo -cuando lo tenía (cualquiera de los dos)-, consultarme cosas de tecnología básica -llámesele por ejemplo al cajero automático-... bueno, decía: no contenta con eso, decidió hacer bandera de su madura juventud.
Mi madre empezó la dieta (esta vez en serio, con resultados), reactivó su grupo de amigas (disponibles nuevamente al igual que ella), corre en la reserva ecológica los domingos a la mañana, va a hacer gimnasia los sábados por la tarde, hace pilates y teatro. Casi todo lo que me gustaría hacer a mí y no puedo.
Como si todo esto fuera poco, el sábado, cuando la veo, me comenta muy sueltita de cuerpo: "estos aros que tengo puestos, son de tu hermana; se los olvidó en casa y yo los uso"... y, mientras yo asentía sin prestar mucha atención, agregó: "y me probé una camperita tuya que quedó en casa... pero no me queda porque vos sos muy chiquita de arriba (eufemismo utilizado por mi madre para denotar mi inabundante (?) busto)".
¿No fué suficiente con aparecerse en el cumpleaños de mi hija con una calza turquesa -¡hay que conseguir una calza turquesa, eh!- del mismo tono exacto que el pantalón que yo llevaba? ¿ahora la señora saca a relucir que no se pone mi ropa sólo porque yo no tengo tetas??
Y cual Alfonsín omnisciente me digo -viéndome desde arriba del palco, a mí misma desmayándome del patatús, abajo-: "un psicólogo a la derecha, por favor".