domingo, 28 de septiembre de 2014

Postales de Consti

     Vivo en un barrio que no genera orgullo de pertenencia. Ni siquiera gentilicio tiene: nunca escuché el uso de constituyente o constituciense... tampoco el alegre agregado del sufijo que remite al orificio anal que usan los de Palermo. Nadie enarbola la bandera de Constitución; antes bien, se disfraza de San Telmo Bronx, de Barracas al norte, de temprano San Cristóbal y hasta de eufémico Botánico Sur.
     No hay tangos que añoren el barrio con sus peleas de borrachos, su mugre perenne y sus fisuras. No afloran los centros culturales ni los parques y los niños en Consti huelen a pegamento.
     Pero si García Márquez hubiera nacido acá y no en Aracataca, los críticos hubieran hablado de bizarrismo mágico: las travestis con su amplio espectro de ropajes (desde la travesti superstar hasta la travesti señorona de joggineta haciendo las compras en el mercado), los paqueros y sus danzas desincronizadas, los patrulleros fantasma estacionados en las esquinas alumbrando de azul las transas, los africanos de turbante y sus misteriosas valijas y el amor... el amor curte otros barrios.

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     Camino por Brasil y escucho en el mp3 a los Pistols. No sé por qué pero las calles alrededor de la estación de Constitución me generan eso; tal vez sea por la parejita de punkies que atiende el puesto de diarios. Esquivo a la gente y trato de hacer lo mismo con el olor a meo del Todo Moda -por algún motivo  todos van a mear ahí- y tanteo el aparato para bajar el volumen frente a la disquería; hoy el mashup que toca es E.M.I con Néstor en Bloque. Me río sola pero nadie se da vuelta.  

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     Los gritos llegan desde la parada del bondi (que es una forma de decir, porque no hay techo ni carteles ni sticker, ni siquiera el número 102 escrito con pintura). Se acercan. Por fin aparece un trío doblando la esquina en fila india. Una mujer, cabeza de fila, grita con acento caribeño "paquero, paquero" y mira hacia atrás mientras sigue caminando. Un gordo en camiseta de fútbol se separa de la fila y apura el paso. Recién entonces queda claro quién es el destinatario de los gritos, aunque ya la mujer redunda "policía paquero, policía paquero". El cola de fila, con un impermeable que me recuerda las películas de nazis la sigue a paso discreto, como queriendo intimidarla, como sabiendo que no puede detenerla por gritarle paquero. Dos paqueros cruzan la escena con sus movimientos desmañados, con sus miradas inescrutables. Me pregunto si los pibes sentirán como una herida el insulto a su condición; me pregunto si sentirán. Los paqueros dan vuelta la esquina y se pierden; el cana se aleja; la mujer sigue caminando y deja de gritar, ya sin objeto. Viene el 102.

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      Es viernes, son las 7.15 de la mañana y en medio de San José hay una tanga fucsia. Unos centímetros de tela y elástico (y tal vez de cadenita o una mariposa de encaje o un corazón de tul) se convierten en símbolo. Lo que de etérea y vaporosa tiene la tela, de grasa lo tiene el objeto: lo amo, lo quiero, lo deseo.
Nace en mí el impulso cartoneril de juntarla -lavarla bien aunque sospecho que voló de una soga- y conservarla para una ocasión especial.
     Me detengo dubitante en medio de la calle, casi tocando la tanga con mis borcegos y una sucesión de eventos futuros pasa por mi mente: me veo estrenando el modelito, me veo pagando un ginecólogo de urgencia y explicándole que usé una tanga de la calle, me veo diciéndole que soy freegana o alguna boludez por el estilo, o plantándome y diciéndole que su obligación es atenderme más allá de que no comparta mi ideología, me veo pagando una fortuna en pap y colpo para que el tipo me diga que no tengo nada pero que no utilice ropa interior de la calle.
     La historia se agota pero la furia chillona de la tanga me atrae como un pie de página de Elige tu propia aventura y me veo estrenando la tanga, me veo adquiriendo superpoderes sexuales, me veo bajando muñecos a diestra y siniestra en todas las posiciones imaginables, con múltiples orgasmos, con múltiples chongos, con señoras y animales, me veo, de vieja, legando la tanga deshilachada a la próxima generación (porque en todas las generaciones nace una heroína portadora del emblema fucsia).
     Me agacho hasta casi rozar la prenda y me veo preparándote una cena mientras la tanga bajo el pantalón me pica y me incomoda, me veo olvidando las escoriaciones ante una sonrisa tuya, un beso, me veo esperando que entiendas que esa grasada que tanto te calienta es mi declaración de amor, que tengo 35 años al pedo y que no me salen las palabras cuando estoy con vos.
     Entonces me asusto, me incorporo y dejo pasar la tanga. Y dejo pasar las visitas al ginecólogo, los superpoderes y te dejo pasar a vos también.

sábado, 26 de julio de 2014

Necios de hoy

Heroicos abrazos interminables
virtualidad pseudoamorosa
Suaves caricias inclasificables
arrobadas miradas vaporosas.

Dulce másculo olvidadizo
omites mencionar relación de años.
Hembras maliciosas te nombran
el calienta pavas
Mi interpretamen antojadizo
en cambio
atraviesa tus pupilas encandiladas
soporta tus fugas cenicientescas
-la corola henchida y sonrojada-
¡Oh, gallináceo corazón tarado,
rebusca en tus bolsillos la dignidad
y desoye de mi flor el llamado!


                                                 Sor Juana Inés de la Pus

lunes, 21 de abril de 2014

Análisis de una de las prácticas de usura emocional de les psicólogues en la fidelización de sus clientes

Estado de la cuestión
     Quiero dejar de ir a la psicóloga. Siento que hace rato que no avanzo en la consecución de mi principal objetivo: escribir los trabajos que adeudo. Me la paso hablando de mis ideales sobre la escritura académica, de mi aparentemente muy férrea voluntad de no hacerlos, de mi comodidad dentro del estatus de estudiante, de los problemas laborales que conlleva no recibirme... y en el fondo siento que al ir a hablar de ello, ya hago algo (y con eso me quedo).
     En fin; he planteado esto y he conseguido, como dice Guacamole, una reducción de la pena: sesión cada 15 días, por ahora. Siento un alivio increíble. Hasta anoche, cuando tuve la pesadilla más sospechosa en años.

La pesadilla
    Paseo en bici una apacible tarde de sábado en una especie de reserva-ecológica-de-bosquecillo-mágico* con mi novio**. Paramos en una especie de posta a comprar bebida, cuando otra parejita lo hace detrás de nosotros. Veo entonces, que el chico es Roberto, que sale con una chica preciosa y joven (y maestra)***. Me pongo mal y mi novio se da cuenta; en lugar de enojarse, comprensivamente me dice que no debería deprimirme porque yo tengo novio, "que es lo mismo que tener dignidad". Yo lo repito, en voz alta y sin convicción... entonces desde detrás nuestro se oye una hiriente carcajada de Roberto, que ha escuchado lo último y sabe que en ese mismísimo momento, aún sin terminar de pronunciar por segunda vez tan absurdo mantra, cambiaría a mi novio por él.
     Mi novio repite que yo tengo dignidad (no sé si para convencerme o porque él realmente cree en mí). Ahora estamos los cuatro frente a frente (la piba se suma y no entiende nada y a mí me exaspera). Roberto mira con sorna y dice "¿así que éste es tu novio?". Mi novio es rubio y un poco más bajo que él y en ese momento me parece abismalmente inferior. Siento que tengo que gritar algo "¡premio nobel!"****. "¿Así que tu novio ganó el nobel?" cuestiona un empalidecido de envidia***** Roberto. Mi novio, con una sonrisa triunfal, asiente. Registro sin registrar que he lastimado la hombría de Roberto; sin embargo, siento que no es suficiente y lanzo una última estocada verbal: "¡tomate!"******
     Roberto y su chica se van. A él se lo nota bajoneado. Mi novio, en cambio, se cree el Maradona de las pesadillas. Pienso que es un pelotudo, que ganó el nobel sólo para demostrarle a Roberto que es más poronga. ¿Yo? estoy excitada. Presiento que voy a pelearme con mi novio ganador del nobel y que retomaré una especie de relación con Roberto que, obviamente, terminará de la peor forma.

La exégesis
     Claramente no buscaré significados ocultos sobre mi gataflorismo, ni sobre si, después de tantos años extraño a Roberto o no, ni sobre la perversidad de las cosas que me excitan, ni sobre si el premio nobel hoy en día se lo dan a cualquiera. Está todo a la vista.

Conclusiones
     La única conclusión lógica es que he sufrido de phishing mental y que, por supuesto, esto ocurrió en el consultorio de mi psicóloga. Es inexplicable la abundancia de data personal sobre mi neurosis que utilizaron para crear esta pesadilla de diseño. Quiero salir corriendo a contársela a la maldita manipuladora, pero la veré recién en 9 días. Hasta entonces, sólo puedo pensar hipótesis sobre cómo estará haciendo la muy turra para implantarme este tipo de sueños.


*Lo sé por ese brillo de polvo mágico dorado suspendido en el ambiente. Tal vez si doblás mal, ves la isla de Avalon más allá de la costanera, aunque no lo aseguro. Y sé que es sábado porque no siento la angustia dominical pre-laboral.
**Que es un Frankenstein armado con las mejores virtudes de todos los tipos.
***Bueno che, tan tan taaan pelotudo mi inconsciente no es.
****No sé de qué, no sé por qué él y no yo (sólo sé que Martha es una hija de yuta minitante).
*****Oh, dior, tampoco sabría decir cómo empalidece alguien tan morocho.
******En mi sueño Roberto jamás supo comer tomate, o es alérgico al tomate o alguna bizarreada por el estilo.

martes, 4 de febrero de 2014

(Algunas) leyes no promulgadas del acampe


1. Perderás cierta cantidad de estacas en cada desarmado de la carpa.
2. Misteriosamente, el número quedará compensado por las que encuentres (que perdieron, seguramente, quienes te antecedieron), resultando en un conjunto ecléctico de formas y largos.
3. Se desprende de las leyes anteriores que ni da comprar estacas.
4. Si armás la carpa, para evitar despertar con la salida del sol, en un lugar amorosamente abrazado por la sombra, hará frío.
5. Si perdés pelotudamente el tiempo cavando un foso alrededor de la carpa, no lloverá.
6. Idearás un protocolo para lluvias.
7. Cuando efectivamente llueva, olvidarás poner a resguardo algo muy importante, como las notas para un trabajo que, con esnobismo vintage (?), escribiste con lapicera pluma de tinta azul lavable.
8. Si buscás una zona alejada, a las pocas horas tendrás de vecinos a los adolescentes más ruidosos o una familia que gusta de putearse a los gritos.
9. Si decidís acampar lejos de la civilización, ese día habrá una tormenta de la reconchadelalora.
10. Recordarás llevar cosas útiles como el cargador del teléfono y de las pilas. Probablemente olvides los objetos principales para los que estos adminículos son complemento; a saber: el teléfono y la cámara de fotos o el mp3.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Nosotros según la física cuántica

Hablamos o simplemente esbozamos un gesto:
los otros nosotros se ponen de manifiesto
se concibe tonta excusa,
se gesta sin palabras el encuentro:
tal vez que toca esa banda rusa.
Partículas suspendidas se desperezan
y las partes, y el todo se articula.

Vida comprimida en horas:
charla, polvo, ducha, paseo, helado
cocina, cena, cabeza en interna lucha,
riiiiing!,otro polvo, despertar a tu lado,
desayuno con yogur, granola y moras.

Horas que a cuentagotas suman,
horas compartidas que son el summum
horas compartidas que rezuman
zumos con un tiempo de vida minimum
cuánto quantum (tanta trampa).

Pienso somos:
la pareja que quisimos ser, ni seremos.
Digo todo:
los hijos, el proyecto y el perro,
no hay ojeras, no hay "yo", malhumor, malamor...

Cerramos los ojos,
tocando Pez No mi corazón coraza
y nos crece sin esfuerzo impune,
la huerta orgánica en la terraza
y luego pausa.
y no me añores perfecta
y sabé que yo no soy ésa.
O sí, soy
cuando sí es, pero no
hoy